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lunes, 5 de septiembre de 2011

Entrevista a Helena Trujillo, asesora de parejas. ¿Cómo afrontar unas vacaciones en pareja?



Discusiones de pareja durante las vacaciones

Una de cada tres parejas pone fin a su relación sentimental después del verano


Durante las vacaciones de verano, las parejas comparten mucho más tiempo que durante el resto del año. No hay que ir a trabajar, se reducen las obligaciones domésticas, aumentan las horas de cuidado de los hijos... Una época que debería ser sinónimo de felicidad, pero que no siempre se vive en armonía. Pasar más tiempo en pareja durante las vacaciones puede convertirse en el escenario idóneo para que afloren los conflictos y las disputas.


  • Por JOSÉ A. RODRÍGUEZ

  • 4 de septiembre de 2011

Durante el periodo de trabajo, muchas parejas viven prácticamente separadas. Son largas jornadas laborales que se complementan con numerosas obligaciones domésticas, multiplicadas en el caso de quienes tienen niños. La mayoría comparte los momentos del día en que más cansados están: cuando han finalizado la jornada laboral y doméstica y se sientan para cenar. En este contexto, no sorprende que numerosas relaciones se deterioren de manera progresiva sin que, incluso, se tenga conciencia de ello. Hasta que llega el verano y, con él, las posibles discusiones y las crisis.

La convivencia: una prueba de fuego

Como señala Helena Trujillo, psicoanalista de la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero de Málaga, al compartir más tiempo durante la época estival, lejos de la rutina de horarios y compromisos laborales y escolares, "es cuando se convive realmente. Surgen los problemas porque cada uno se muestra tal cual es". Hay que señalar, por otro lado, que en muchas ocasiones las crisis que se originan durante el verano no son tales.
"En numerosos casos, denotan una problemática individual de uno de los miembros de la pareja", explica la especialista. Si una persona sufredepresión, un trastorno de ansiedad o cualquier otro problema psicológico, es muy probable que la convivencia se vea afectada. "Por este motivo, es tan importante contar con la ayuda de los profesionales para poder solventar estos trastornos", insiste la especialista.

Discutir lo menos posible

Muchas parejas pasan el año tan centradas en resolver asuntos cotidianos, que se olvidan de cuidar su relación sentimental
Para que las vacaciones sean, en la medida de lo posible, un remanso de paz libre de altercados, es necesario empezar a prepararlas muchos antes de que llegue el verano. ¿Cómo? "En primer lugar, no hay que esperar a estos días para hablar los temas espinosos de la relación. Cuanto antes se aborden mejor, así se evita que se enquisten", señala Trujillo. Muchas parejas pasan el año tan centradas en resolver asuntos cotidianos, que se olvidan de cuidar su relación sentimental.
Hablar de los temas más conflictivos y cuidar las bases de la relación (el cariño, la conversación, el sexo) es la mejor manera de garantizar unas buenas vacaciones juntos. Durante estas, hay que tener en cuenta una serie de consejos que pueden facilitarlas mucho. Es necesario consensuar dónde y cómo se quieren pasar. Si a uno no le gusta la playa, no tiene mucho sentido pasar tres semanas en un hotel en la costa con la promesa por parte del otro de que el año siguiente elegirá el destino que le apetezca.
Se pueden combinar unos días en la playa y el resto, en otro lugar. Además, "hay que aprender a ser tolerantes y respetuosos, no agobiar a la pareja con nuestras cosas ni querer pasar las 24 horas juntos", añade la experta. No tiene sentido pasar todo el día juntos para compensar que durante el resto del año apenas se ven. Para disfrutar de estos días, también es necesario que cada miembro de la unión disponga de su parte de tiempo libre para cultivar sus aficiones. Es la mejor manera de evitar enfrentamientos, ya que se eluden tensiones innecesarias.
Estas fechas son para recrearse, no para realizar tantas actividades, que se quede al borde del agotamiento mental y físico. Muchas personas exprimen tanto este periodo, que lo viven con estrés y esto crispa larelación y provoca numerosas discusiones. La situación idónea es una mezcla de descanso y actividades estimulantes, sobre todo, consensuadas.
No menos importante en un contexto de crisis, en el que muchos no viajan y deciden pasar unos días con otros familiares, hay que tener cuidado "con no agobiarse y agobiar con padres, suegros, cuñados... Respetemos tiempos y espacios", recalca Trujillo.

Cuando estalla la discusión

Como es lógico, lo mejor es evitar que las disputas estallen o que sean muy tensas. Para ello, es aconsejable comunicar lo que no gusta o molesta antes de que sea demasiado tarde. "El otro componente de la pareja no es adivino, así que debemos ayudarle a que nos entienda", explica Trujillo. En el caso de que el altercado sea inevitable, hay que exponer los propios argumentos de la forma más sosegada y clara posible.
El otro miembro debe sentir siempre que se le escucha y que sus razones, aunque no se compartan, se entienden. "Si se habla de buena manera, será más fácil que el resultado sea bueno. No se trata de competir con el otro, sino de convivir", puntualiza la experta.

VACACIONES EN CRISIS

Las vacaciones nunca serán la terapia que solucione de forma mágica los conflictos. Ni en el caso de que se contrate un hotel de lujo en la isla más paradisíaca y tranquila que se pueda imaginar. La psicoanalista Helena Trujillo aconseja que para una pareja que esté en crisis, quizá sea mejor no tener vacaciones, "no viajar, no salir del contexto habitual, ya que esto puede generar tensiones".
En el caso de que las parejas se aventuren en un viaje, es recomendable no alejarse demasiado de casa (por si ocurre una crisis tan fuerte que sea aconsejable regresar) y evitar situaciones potencialmente conflictivas, como viajes largos en coche o en grupo (sobre todo, si la crisis está causada por una infidelidad y es aconsejable evitar celos). La especialista hace hincapié en que lo más adecuado es iniciar una terapia de pareja cuanto antes para aliviar la tensión y ayudar a que los días de vacaciones sean más llevaderos.

jueves, 13 de enero de 2011

Revista Indio Gris nº 464. Un hombre solo, al igual que las piedras, pierde el sentido de lo humano .



INDIO GRIS ES PRODUCTO
DE UNA FUSIÓN
EL BRILLO DE LO GRISYEL INDIO DEL JARAMA
LA FUSIÓN CON MÁS FUTURO
DEL SIGLO XXI

INDIO GRIS Nº 464AÑO XI

ACERCA DE UNA PREOCUPACIÓN ESTROBOSCÓPICA

Podemos asegurar que el submundo de las ideas puede lo que puede el submundo del sexo.
Si se trata del hombre, tienen sus límites, llegan sólo hasta el poder. Donde cada basura vale más de lo que pesa.
Vengo de un mundo, donde las piedras mueren en las piedras y el hombre sólo las transforma.
Voy hacia un mundo incalculable, donde todo brilla por sus uniones. Un mundo construido por conversaciones humanas. Un claro desafío contra las costumbres, un gran alboroto que anuncia la muerte de dios y el fin de la era animal para el hombre. Basta de piedras.
Vivir fue para nosotros, este tiempo, concebir estos textos. Queremos decir que también vamos a escribir sobre el amor.
Todos queremos vivir tranquilos. Ese imposible nos une en el lenguaje. Tomar un té tranquilamente, matar tranquilamente, morir ¿por qué no? tranquilamente. Tranquilamente quebrar la vida del hombre en un instante, doblegar el último sentido.
Morir, mueren las águilas nocturnas, los pájaros, las celestes civilizaciones y también, por qué no decirlo, mueren los humanos. Y tampoco está del todo mal. Morir, amar, dos zonas imposibles para el hombre.
Simbolizar, simboliza cualquiera ¿pero amar? ¿pero morir? ¿desencadenar un universo humano? Casi imposible, sólo poseo poder sobre el curso de los ríos, sólo conozco la dimensión de las montañas. Amarnos, amarnos, ya lo sé, un imposible.
Las palabras tienen todas las posibilidades de combinación. También la muerte. También el amor y sus apariciones, propias del desvarío.
Queremos decir: no sólo lo que se separa de nosotros es sustituido, sino también lo que muere en nosotros. Otros tiempos, otras palabras, son más convincentes que el pasado.
Feria de olores contra humanas ideas, seguramente, perderá la cosmética.
Los brotes de pasión, son breves para la historia. Los masturbadores crónicos, se desvanecen, antes de fin de siglo.
Un hombre solo, al igual que las piedras, pierde el sentido de lo humano y se fragmenta en la violencia de ser más.
Decimos que al hombre le falta casi todo, no sólo el inconsciente.
De todas las ilusiones, la nuestra es la mejor. Quería decir que todavía nuestros escritores no habían hablado de la muerte.
Fuimos jóvenes. Mamá todavía vivía con nosotros, y nuestra mujer fue nuestra mujer. Ellas, esclavas. Nosotros, proletariado desmedido. Se trataba como vemos de distintas liberaciones. Del ser y la muerte no había entre nosotros ningún enviado.
Esa fue la época del psicoanálisis. Grupo pequeño y transferencia, las palabras de moda. Todo fue sangre y medidas. Reino de lo biológico, donde la idea de progreso fue para todos salvación y ética.
Decimos que después de diez años de práctica psicoanalítica, el hombre que no transformó su vida, será todo lo hombre que su mujer le permita, pero afirmamos que su práctica no fue psicoanalítica. Le aconsejamos, antes de suicidarse, leer de nuevo algunos libros. Los libros pueden, a veces, con la vida del hombre. Fueron buenos médicos. Trabajadores de la normalidad y sus alrededores. Buscar científicos entre ustedes es tiempo perdido.
Decimos que la vida es una sola. Y, también, aprovechando que hoy día tanto se habla del marxismo, su práctica, como la práctica psicoanalítica, envuelve al practicante en su determinación. Queremos decir: o pervertimos la vida del practicante o pervertimos la teoría. Para que no haya perversión, ya lo dijimos, se trata de una verdadera transformación.
La revolución ¿se acuerdan? Un hálito contra nuestra propia moral. Un instante, el estallido atómico de un deseo, muerte y resurrección y después, otro mundo.
Venimos de las sombras, fuimos anunciados en un poema. Una palabra entrelazada al ser. Vinagre y maleza, hondas y nuevas preocupaciones. Palabras destinadas a lo más profundo del hombre.
Exquisito néctar olvidado. Antigua mutación donde el hombre, abierta sed, hambre desesperada, hechizado, por un pedazo de pan, pierde sus alas. Pierde, por una jarra de agua envenenada, la nobleza del vuelo.
Estamos, a esta hora de la noche, borrachos de fantasmas. Apocalipsis de los humos. Hoguera donde la humanidad tiende su fina red intemporal, sanguínea, orgía biológica, dolor y carne, fibras atómicas, células extraviadas en ese imponderable maravilloso del crecimiento atípico. Salvajes cánceres, creciendo por doquier, denunciando el destino mortal de una ética. El fin de una ilusión. Un feroz latigazo a la belleza.
Hasta la próxima.
Indio Gris