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Soy Helena Trujillo, psicoanalista de Grupo Cero. En este blog encontrarás artículos y noticias sobre psicoanálisis, salud y bienestar, cultura, relaciones de pareja, psicología y muchos más temas que te interesan.
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martes, 2 de agosto de 2016
sábado, 8 de noviembre de 2014
El estrés en los profesionales de la educación
ESTRÉS EN LOS PROFESIONALES DE LA EDUCACIÓN
Jornadas sobre calidad educativa organizadas por CSI-CSIF
Málaga, 6 de Noviembre de 2014
Helena Trujillo, Psicoanalista de Grupo Cero
Calidad, educación, futuro. Una psicoanalista convocada para hablar de aquello tan distante nuestros tiempos y, sin embargo, no puede ser otro el objetivo del progreso. Hablar de estrés en los profesionales de la educación a profesionales de la educación es venir a molestarles o, al menos, aceptar que habrá algunos que no podrán o no querrán dar cuenta de mis palabras, sordera psíquica frente a aquello que habla de lo que nos determina, el deseo inconsciente.
Si dependiera de nosotros, ahora, lo cambiaríamos todo, el propio sistema, pero podemos estar seguros de que fracasaríamos. Nunca se producen las cosas uno espera. Los errores se repiten, son productos de la ideología dominante, sometimiento donde se niega el propio cambio de ideología en su afán de perpetuación. En lugar de premiar el trabajo se premia el sometimiento. Errores entonces, que no cometen en exclusiva las administraciones, que no comenten en exclusiva las universidades, ni los centros educativos, ni los profesores. Responden a los síntomas de la sociedad moderna, la negación del verdadero avance en la salud y la educación del último siglo, la Teoría Psicoanalítica, que ya demostró que la conciencia, los sentidos nos engañan, nos determina el deseo inconsciente, deseo del que sólo podremos dar cuenta a través de la interpretación. Aquello que habla de nosotros no está en nosotros, es una construcción. Aquél sujeto que pretendemos ser o al que pretendemos educar, no está hecho, no es, es una producción social, movimiento económico y libidinal.
Llegamos ya a la salud, porque estamos hablamos de educación, pero hay que remitirse a la salud. El estrés, la presión, la impotencia que padecen muchos profesores hoy en día, convierten el trabajo en tortura, producto perfecto de la perversión de la sociedad capitalista. Dice el poeta “En una sociedad justa el trabajo es un don, pero no vivimos en sociedades justas.” Así es, no vivimos en sociedades justas donde se tenga en cuenta al trabajador y donde se tenga en cuenta al alumno, pensar la salud en la actualidad se ha convertido en un negocio y un derecho cada vez más difícil para la mayoría. Salud que además sale cara al que carece de ella, pues las últimas modificaciones penaliza al enfermo por ausentarse del trabajo, confundiendo como en aquellos tiempos de la histeria, enfermedad con simulación o cara dura.
El estrés no es el nombre de una enfermedad, sino de un conjunto de síntomas. Las causas a las que se adjudican estas dolencias se suelen atribuir a las preocupaciones y problemas, generalmente, del trabajo y una de sus consecuencias más notorias es imposibilitar al sujeto para el desarrollo de la actividad laboral. Preocupación mayúscula, pues un profesor enfermo no sólo es un profesional que sale caro a su “jefe”, sino que es un trabajador que no cumple con su trabajo, una pieza del sistema que obstaculiza el funcionamiento del mismo, una falla, un desvío que es preciso atender. Nadie escucha. El sistema falla, no cuida su engranaje, las piezas que lo integran son personas que se producen en su relación con el mundo, en este caso una relación fallida.
Hablar es demandar, pero a otro, al psicoanalista de la cuestión. En este caso hay cuestión, cuestiones que hacerse sobre lo que lleva a enfermar a alguien al que se le espera sano y algo diestro en el arte de transmitir, lo que no hay es psicoanalista, lugar para pensar y transformar la “enfermedad” de la educación. El docente es su síntoma, demanda una escucha, una transformación. En él hay frustración, antes de la propia realidad frustrada. Para enfermar también es necesaria una capacidad. Lo más fácil es responsabilizar al que no está en la sala, legislador, administración, alumnos, padres, etc. nosotros no tomaremos ese camino, sino aquél otro donde sólo sabremos después y donde es un saber no sabido el que habla para aquél que sabe leer en nuestros actos, nuestros errores.
Aceptar que se aprende más con aquello que falla que con el acierto nos llevará a amainar las armas, no hemos venido a pelear, sino a conversar, a aceptar que la educación se basa en el juego de conversaciones, donde son muchos los que participan. Algo que podría pensarse como tan exclusivo del aula, responde a una compleja articulación donde se transmite ideología a través de la familia, los libros, las reformas educativas, los buenos días del director, los menús escolares y los himnos de fiesta. Familia, la educativa, en la que los miembros no sólo muestran su impotencia para cambiar el rumbo de la educación de nuestros jóvenes, sino que también pretenden que sea otro el que lo haga.
Ante este desconcierto donde cada uno toca su instrumento como puede o como le dejan, nos acordamos de aquél que padece en sus carnes la falta de acierto. Padecer porque cada vez son más los profesores aquejados de apatía falta de motivación, somnolencia, irritabilidad, melancolía, impotencia sexual, frigidez, trastornos gastrointestinales, pánico, enfermedades psicosomáticas… Teniendo en cuenta que en sus manos están los jóvenes que algún día gobernarán y trabajarán para sostener nuestra vejez es esperar cualquier venganza, aquella del que se siente estafado por no haber recibido lo prometido.
Al profesor le prometieron los medios para poder desarrollar la tarea educativa, en un entorno apropiado, con los medios suficientes y la familia y sociedad a su favor; al alumno, una escuela dispuesta a recibirlos y transmitirles las bondades de la cultura y la civilización. Uno se encuentra con los brazos atados por ciertas dictaduras político-económicas, la falta de ilusiones y la escasez de vocación; el otro, con profesores hastiados de su trabajo, utilización política de las estructuras escolares, compañeros que no desean serlo y un futuro incierto donde trabajar parece una utopía.
En una sociedad así no es extraño que el estrés afecte, no sólo a los profesores, sino a los alumnos, a los padres de los alumnos, por el futuro que les espera a sus hijos, a los legisladores compelidos a cambios constantes para alterar la verdad, a los políticos, por los difíciles ajustes presupuestarios, etc. Pero, ¿nos hemos parado a pensar que en cualquier empleo, en cualquier profesión hay una renuncia al egoísmo, hay un acuerdo con lo social, hay un intercambio económico que hace posible que nuestras sociedades avancen?
Seguimos atados a nuestra sobredeterminación familiar, aún no ha nacido lo grupal en nosotros, no nos sentimos integrantes de esas otras estructuras en las cuales podemos llegar a desempeñar una función, donde podemos amar sin la necesidad de entregar el cuerpo en el encuentro. Aún nos relacionamos en vínculos de sometimiento, uno es el amo y otro el esclavo, uno tiene el poder y el otro lo padece, aún no hemos dejado que el deseo inconsciente nos guíe hacia la muerte por el camino del lenguaje.
El otro, como semejante, forma parte de cada uno ya sea como modelo, como auxiliar o como adversario. Como grupo repetimos el primer grupo al que pertenecimos, el grupo familiar y como masa repetimos la forma más primitiva de sociedad, la horda primitiva. Freud en su texto “El malestar en la cultura” nos ilustraba, es por miedo a perder el amor que renunciamos a parte de nuestros deseos personales, es el amor el medio de acceso a la cultura, pero un amor que también los docentes tienen que utilizar como medio para transmitir a los alumnos. Lo grupal ha de pensarse en la cuestión educativa, porque hay grupos que ese relacionan entre sí, pensar que esa energía que no sólo supera a la del sujeto, sino que es diferente ya que produce efectos que no alcanzaría un individuo aislado.
Grupalidad donde lo que se necesitan son trabajadores dispuestos a dejarse atravesar por la experiencia, a ponerse en el centro de la cuestión y transformarse con ella. Sin embargo, quién quiere transformarse en estos tiempos donde la conciencia quiere seguir reinando y donde la razón sigue dominando a los que tienen que inculcar la creatividad y el entusiasmo. No alcanza con decir que son cuestiones de dinero, que las personas en estos tiempos somos menos valiosas para el sistema que hace veinte años, son cuestiones donde la propia ciencia es nuevamente detenida por la anquilosada moral, que sigue considerando a la cultura como un lujo al alcance de unos pocos y que mantiene al varón por encima de la mujer.
Se apartaron los poetas de la enseñanza. Hoy no se piensa en el futuro porque el sistema mismo se mantiene en una estructura psicosomática, donde no hay palabras, sólo se padece el cuerpo. En la búsqueda de la satisfacción inmediata cayeron los alumnos, pero porque antes habían caído los padres y profesores, víctimas de una educación basada en la represión de la propia sexualidad, entendida ésta como todo aquello tocado por la palabra. Hoy es más fácil acostarse con una persona desconocida que mantener una conversación.
Y si nuestros políticos dan muestra que han llegado a gobernar personas que nunca se transformaron con la lectura de ningún libro, muchos de nuestros docentes tampoco practica el hábito de la escucha, la conversación, la lectura y la escritura. Tan alejados del fundamento de sus funciones, se acaban convirtiendo en obreros ocupados en pensar en la satisfacción de sus deseos fuera de la fábrica. No está mal soñar y que enseñemos a nuestros jóvenes a soñar, lo que está mal es impedirles tener sueños y no enseñarles que la única manera de alcanzarlos es el camino del trabajo y el estudio. Donde sin cultura no es posible avanzar, donde el presente parece un regalo que otro nos hace y no el tiempo donde sembrar un futuro para otros.
No se trata de un ser, sino de una posición en el discurso, una posición inconsciente frente al trabajo de enseñar-aprender. No se puede enseñar, pero se pueden tener los puentes para que el otro aprenda, si este es su deseo. Se han descuidado esos puentes, se ha tecnificado el deseo sin tener en cuenta a los sujetos implicados en esa operación. Decía Mallarmé que los Estados para su sobrevivencia no tienen pensada ninguna grandeza para ningún ciudadano. Todo Estado niega sistemáticamente sus transformaciones.
El profesor tendrá que aprender a generar en ese vacío el aprendizaje. Aprender a apartar la razón para que surja la creación, el saber. Aprender a arreglárselas con la angustia de producir aquello que tiene más que ver con lo desconocido, la creación poética, la producción de un saber, que con la producción de conocimiento.
Sin salud psíquica de los docentes, sin transformación del reclamo familiar, todo es insuficiente. El psicoanálisis puede abrir nuevos caminos. La educación demanda una transformación. No habrá futuro sin grupalidad, sin escritura. No habrá salud en el siglo XXI sin Psicoanálisis.
Si superamos la envidia de que lo mejor de nosotros está fuera de nosotros, en la relación con los otros significantes, ahí comenzará la transformación, la salud.
conferencia sobre el estrés en los profesores impartida por la psicoanalista de grupo cero helena trujillo en las II jornadas de calidad educativa organizadas por el sindicato CSI-CSIF en Málaga, noviembre 2014
martes, 5 de marzo de 2013
DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA. MUJER Y TRABAJO EN EL SIGLO XXI.
TERTULIA:
MUJER Y TRABAJO EN EL SIGLO XXI
JUEVES 7 DE MARZO A LAS 19:30 HORAS
En la Sala de Ambito Cultural del El Corte Ingles.
ENTRADA LIBRE
Helena Trujillo, psicoanalista Grupo Cero
Hablará de: Mujer y Psicoanalisis
Pilar Conde, diputada de Igualdad
Hablará de: La mujer como fuerza social
Marta González, vicepresidenta Amupema
Hablará de: La mujer trabajadora frente a la crisis
Carmen Herrera, Campeona Paraolímpica de Judo
Hablará de: Mujer y deporte en el siglo XXI
ORGANIZA PSICOANÁLISIS GRUPO CERO MÁLAGA
MÁS INFORMACIÓN TELÉFONO 952 39 21 65
jueves, 31 de enero de 2013
Inmigración femenina. Retos del futuro.

"LA MUJER DEL SIGLO XXI":
MUJER E INMIGRACIÓN
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Puedes ver todos los programas anteriores en: www.htpsicoanalisis.com/ videos.html
Helena Trujillo Luque
Psicoanalista Grupo Cero- Asesora Matrimonial
Teléfonos:
Málaga: 952 39 21 65
Madrid: 91 55 96 436
Móvil: 626 67 33 22
jueves, 25 de noviembre de 2010
CASOS DE ÉXITO
Recostada en el diván ella recorría entre palabras los momentos más duros de su vida. Se sentía terriblemente sola, todo lo que quería había muerto, hasta sus ilusiones. El primer día que la vi era como un fantasma, un ser sin alma que buscaba el aliento necesario para seguir viviendo. Sola, en una vida tejida a través de los años, no sólo no tenía con quién hablar, sino que no tenía para quién vivir.
La soledad invadía todos los espacios, del trabajo a casa y de casa al trabajo, así transcurría su vida desde que él había puesto punto y final a la enfermiza relación que mantenían desde hacía años. Desde la muerte de sus padres, ella había volcado todas sus esperanzas en esa relación de pareja. No le importaban las amistades ni ocupar su tiempo libre. Él llenaba su mundo, ya no necesitaba más. Perderlo no estaba en sus planes. El mundo se le vino encima el día en que hizo las maletas y se marchó para no volver.
Los colores que antes llenaban su vida se volvieron oscuros. La última puerta a la felicidad se había cerrado para ella. Para él vivir con una persona así se le había hecho insoportable. La dependencia era tal que le faltaba el aire, ella no daba opciones, empobrecieron su vida hasta el extremo de que en el mundo sólo estaban ellos dos, todo lo demás vacío. Ahora ella estaba sola. Apostó a un único número y lo perdió todo. Había aniquilado de un plumazo toda la humanidad. Ni el trasiego de la ciudad conseguía hacerle sentir que había otros. Estaba encerrada en sí misma, en su propia cárcel.
Desde un principio, parecía que yo no existía para ella. Hablaba para sí misma, no daba lugar a mis intervenciones, apenas había cruce de miradas. Con el tiempo fue derribando los altos muros que había construido y fue dejándome entrar, alguna sonrisa, algún gesto de complicidad. Un día llegó a decir que se había puesto ese vestido para estar guapa para mí. Parecía ilusionada por sus sesiones, por contarme su vida cotidiana y, también, empezaba a tener alguna ilusión de futuro. Pequeños destellos de luz dejaban entrever un mundo más rico que ese pequeño en el que ella había vivido tantos años.
Un día llegó a la consulta irreconocible, sonreía de lado a lado de la cara. Se había inscrito en la universidad y empezaba las clases con ganas. Tenía ganas de tener compañeros, tener horarios, moverse de su anquilosamiento. Hacía dos meses que había retomado una relación de amistad con una compañera de la infancia, quedaban de vez en cuando para tomar café, ir de compras. Hacía años que habían roto el contacto y no sabía por qué. Empezó a entender que la relación de pareja no era ninguna solución para su vida. “No es bueno amar como si el otro fuera la única persona del mundo” –dijo. Escuchar esas palabras de su boca ya eran un gran paso.
Ya no temía a la soledad, había abierto tantas puertas que ni vivir sola ni estar soltera le hacían sentirse única ni abandonada. Tenía amigos que la querían, tenía personas a las que querer y tenía un fuerte compromiso con su psicoanálisis. Había entendido que un libro basta para estar con otros, que son los compromisos los que te hacen vivir, que comprometerse no era entregar tu vida al primer postor.
martes, 21 de septiembre de 2010
Entrevista a la psicoanalista Helena Trujillo en la Revista Eroski Consumer
Helena Trujillo, psicoanalista
"El psicoanálisis trata patologías que tienen su origen en procesos inconscientes, como las fobias"
El psicoanálisis es una disciplina que se ocupa del estudio del psiquismo humano. Creada por Sigmund Freud a finales del siglo XIX, es una ciencia reciente que carga con numerosos mitos y prejuicios. ¿Hay que seguir durante muchos años esta terapia para curarse? ¿Hay que tener cierto nivel de educación para psicoanalizarse? Helena Trujillo ejerce como psicoanalista desde hace varios años, colabora con diversos medios de comunicación e imparte cursos y charlas sobre este tema. En esta entrevista, desmonta algunos de los mitos que alejan al psicoanálisis de la sociedad y defiende la vigencia de una ciencia tan práctica como poco conocida.
Por CLARA BASSI 21 de septiembre de 2010
¿Qué problemas puede tratar el psicoanálisis?
Toda ciencia tiene sus límites. El psicoanálisis puede ocuparse de patologías que tengan su origen en procesos inconscientes, como neurosis,hipocondría, fobias, obsesiones o enfermedades psicosomáticas, entre otras. No puede tratar el autismo, enfermedades congénitas u otras derivadas de una lesión orgánica.
¿Cuál es la labor del psicoanalista?
Se asemeja a la de un traductor. Dispone de las herramientas teóricas y técnicas necesarias para interpretar las aportaciones del paciente. No en vano, los contenidos inconscientes nunca llegan a la conciencia de manera directa, sino indirecta, a través de los lapsus, los síntomas, los actos fallidos, etc.
¿Qué es el inconsciente?
"En el inconsciente se hallan los recuerdos, los afectos, los sentimientos y la memoria"
El aparato psíquico está formado por dos instancias: consciente e inconsciente. En el inconsciente se hallan los recuerdos, los afectos, los sentimientos y la memoria. Es el motor del aparato psíquico. Hasta la creación del concepto de inconsciente por Freud, no se podía dar cuenta de cómo y por qué el sujeto psíquico sentía deseo, amor, dolor, tristeza u odio y de dónde provenían estos estados, a veces, tan paradójicos. Ahora, sabemos que provienen del inconsciente.
¿Qué papel juega la sexualidad en el psicoanálisis?
Éste es uno de los temas más polémicos y que más rechazo ha ocasionado al admitir la teoría psicoanalítica. Antiguamente se confundía lo sexual con lo genital. Se pensaba que los niños no tenían sexualidad. Se creía que era algo que acontecía sólo durante unos años de la vida. El psicoanálisis otorga un papel destacado a la sexualidad en nuestro desarrollo psíquico, ya que ésta comienza desde que nacemos. Hay que entender que no es el concepto de sexualidad tal cual lo entendemos en la vida cotidiana, sino en un sentido más amplio. Tiene que ver con la forma de relacionarnos con el exterior, nuestra continua búsqueda de placer-displacer...
¿Por qué ayuda tanto escuchar y sentirse escuchado?
El mismo hecho de poder pronunciar en voz alta las fantasías ya mejora a la persona. Hay que saber también que el psicoanalista cura más por lo que es, que por sus palabras. El paciente no necesita consejos, sino que acude a una consulta para hablar de qué le pasa, para que le escuchen como nadie hasta ahora lo había hecho y para poder dar un sentido diferente a los acontecimientos que le suceden.
¿Una terapia psicoanalítica debe durar muchos años?
"El paciente viene para hablar de qué le pasa y poder dar un sentido diferente a los acontecimientos que le suceden"
Puede durar muchos o pocos años. Pensar que el tiempo de un tratamiento está definido de antemano es un mito y una resistencia al psicoanálisis, ya que es un proceso individual. Por otro lado, hay que diferenciar el tiempo en el que se obtienen resultados terapéuticos (para curarse), que puede oscilar entre nueve meses y un año, y el tiempo para psicoanalizarse (para entrar a fondo en la propia vida, en la propia biografía), que será más prolongado o toda la vida.
El psicoanálisis parte de la base de que las primeras relaciones y experiencias condicionan la psique. ¿El pasado marca de una forma definitiva?
Nuestros primeros aprendizajes condicionan qué somos, ya que suponen nuestro pasaje a la sociedad humana. Pero pensar que el pasado es inamovible y determinante de nuestro futuro es llegar demasiado lejos. La utilidad terapéutica del psicoanálisis recae en que podemos modificar los pensamientos y experiencias que ocasionan un proceso patológico en la persona. El futuro se puede cambiar si cambiamos nuestros deseos inconscientes sobre el mismo.
Una persona mayor de 30 años, ¿cómo puede regresar a su pasado para solucionarlo en el presente?
"Esta disciplina restituye la capacidad de interactuar con la realidad, adaptarse a ella y realizar los cambios oportunos para vivir mejor"
Al pasado no se puede regresar. Es otra equivocación pensar que el psicoanálisis se ocupa del pasado de las personas. Cuando un paciente acude a la consulta, nos encontramos ante una persona que ha tenido pasado, pero éste sólo está en el paciente como es ahora. Los sucesivos pasos de nuestro desarrollo psíquico no se borran para dejar paso al siguiente, sino que se suman. En mí hay una niña de cinco años, de diez, una adolescente... pero no hay una mujer de 50 años, porque eso aún está por ocurrir. Esta terapia trabaja sobre el futuro porque éste se puede modificar. No obstante, también cambia nuestro pasado porque, si pensamos diferente, acabamos por tener una visión diferente de nuestras experiencias pasadas.
¿Qué puede esperar una persona que acude a una terapia psicoanalítica?
Freud dijo que el psicoanálisis tiene como objetivo devolverle a la persona la capacidad de amar y trabajar. Restituye la capacidad de interactuar con la realidad, adaptarse a ella y realizar los cambios oportunos para vivir de manera satisfactoria. El resultado que el paciente espera de la terapia depende de su deseo y de su capacidad de trabajo.
¿El psicoanálisis está reservado para gente culta?
El paciente que quiera, de cualquier clase social o nivel intelectual, puede comenzar la terapia.
¿Ha cambiado mucho el psicoanálisis desde Freud?
Estudiamos a Freud y a Jacques Lacan, y podemos afirmar que no ha cambiado en los elementos fundamentales del tratamiento. Otras escuelas tienen otra forma de practicar el tratamiento, pero tal vez eso sea un afán de no parecerse al psicoanálisis.
¿Cuáles son las ideas de Freud que han quedado superadas?
"El psicoanálisis es aplicable a empresas, médicos o distintos ámbitos de formación para detectar muchos problemas e intervenir sobre ellos"
Tiene poco más de un siglo y aún no se ha llegado a estudiar y asimilar por completo el pensamiento psicoanalítico. No se ha podido superar algo a lo que aún no se ha llegado. Es una ciencia muy joven, muy rechazada y que otras disciplinas aún no han incorporado. Podemos decir que está aún por sumarse a las vidas de la mayoría de las personas.
¿Qué otros grandes psicoanalistas destacaría?
Jacques Lacan fue un estudioso del psicoanálisis freudiano. Llegó a cerrar su escuela porque sus propios alumnos dejaron de leer a Freud. Nuestra escuela, fundada por Miguel Óscar Menassa, estudia a Freud y Lacan con rigor y se ocupa de la transmisión y la difusión de esta disciplina. Menassa recogió la idea que Freud mostró en su obra: la necesidad de unir poesía y psicoanálisis.
¿El cine ha distorsionado, en cierta medida, el psicoanálisis?
Un caso típico es el de Woody Allen, que es director de cine, no psicoanalista. Nos puede gustar como cineasta, pero eso no significa que sea un difusor del psicoanálisis. Transmite, como muchos otros, una idea irreal de qué es un tratamiento. Todos recordamos los chistes del psicoanalista que se duerme en la sesión del paciente o se ríe de él. Eso no es el trabajo diario de un profesional.
¿El psicoanálisis se aplica más allá del diván?
"Desde el psicoanálisis, la salud no es la reconstrucción de un estado anterior, sino la creación de uno nuevo"
Por supuesto, el diván es un instrumento, pero desde hace años el psicoanálisis se aplica y es aplicable a empresas, profesionales, médicos o distintos ámbitos de formación, entre otros. Tener en consideración la teoría psicoanalítica sobre el sujeto psíquico ayuda y potencia el trabajo de estos profesionales. Les ayuda a detectar muchos problemas, a intervenir sobre ellos y a reconocer afectos propios que intervienen en las relaciones laborales cada día.
¿Se aventura a dar una definición de salud mental?
El psicoanálisis es la disciplina que se ocupa de la salud psíquica, que trata enfermedades tan comunes como depresión, ansiedad, trastornos obsesivos o alteraciones sexuales, que tienen tratamiento y curación, y que no hay que vivir con ellas. Lo más caro es vivir con sufrimiento y ver mermadas las propias capacidades. Hay que alejar ideas como que el tratamiento psicoanalítico es muy caro o muy largo o que se debe hablar del pasado y de los traumas. La enfermedad siempre es la peor solución. Desde el psicoanálisis, la salud no es la reconstrucción de un estado anterior, sino la creación de un nuevo estado, de un nuevo sujeto.
FREUD, EL PADRE DEL PSICOANÁLISIS
Hablar de psicoanálisis es hablar de Sigmund Freud. Nacido en 1856 en Friburgo (antigua ciudad del Imperio austríaco que hoy pertenece a Chequia), Freud se licenció en medicina. Un viaje a París fue decisivo en su trayectoria profesional. En 1886 trabajó durante varios meses bajo la dirección de Jean Martin Charcot en el prestigioso servicio de neurología de la Salpêtrière parisina. Pudo conocer de primera mano la histeria y los tratamientos basados en la hipnosis y la sugestión. A su vuelta a Viena, Freud se casó y abrió una consulta privada.
Gracias al contacto diario con sus pacientes, sentó las bases del psicoanálisis. En esos primeros años como médico, publicó varios libros y artículos, que se recibían entre el desinterés y la indignación, porque ya planteaba en ellos sus ideas más rompedoras, como la de una sexualidad infantil. En 1906, su pequeño círculo de seguidores vieneses se amplió. En 1908, se celebró el Primer Congreso Psicoanalítico y, al año siguiente, impartió diversas conferencias en EE.UU. que contribuyeron a otorgarle fama mundial.
Algunos de sus libros se convirtieron en "best-sellers", los medios de comunicación le perseguían y numerosos pacientes acudían a su consulta. El psicoanálisis empezaba a extenderse por el mundo y, en las siguientes décadas, conocería su época dorada. La gran tragedia de Freud fue que su éxito profesional coincidiera con sus graves problemas de salud, lo que no impidió que siguiera con gran energía. En 1923, se le diagnosticó un cáncer de mandíbula, por el que se sometió a numerosas intervenciones. Murió exiliado en Londres en 1939.
jueves, 29 de abril de 2010
Sin pensar el futuro no se puede vivir.
SIN PENSAR EN EL FUTURO NO SE PUEDE VIVIR
Comienzo a psicoanalizarme, no para curar ninguna herida pasada,
sino para vivir mejor los años futuros.
M.O.M.
Podemos leer en la prensa de estos días un artículo que nos habla de que la mayoría de los jóvenes que quieren retomar los estudios se quedan en el camino, sólo el 20% de los alumnos que se presentaron en abril para obtener el Graduado en ESO aprobaron. Muchos de los que ahora han retomado los estudios lo habían abandonado por razones familiares y económicas, ya sabemos que muchas familias requieren que arrimemos el hombro a la economía familiar y no siempre estudiar ha estado bien valorado. Esto, que como digo le ha pasado a muchas personas, es una causa cada vez menor, porque en estos momentos el principal motivo de abandono está en la desmotivación, la incapacidad de diferir en el tiempo el logro de objetivos materiales, la idea generalizada de que estudiar no te garantiza ningún porvenir.
¿Qué está pasando? ¿Es positiva la enseñanza obligatoria hasta los 16 años? ¿A quién le interesa una sociedad culta? ¿Todos vamos a ser intelectuales? Se me ocurren muchas preguntas que pueden ayudarnos a reflexionar un poco sobre estas cuestiones. Considero muy positivo y un logro social que se amplíe la edad de formación obligatoria, aunque entiendo que ello supondrá que un porcentaje de alumnos no se ajustará a esas condiciones. Esto, en lugar de constituir un fracaso, implicará el esfuerzo por parte de las administraciones en dotar de vías que ofrezcan una opción formativa diferente a esos alumnos, quiero decir, uno puede fracasar en una modalidad de enseñanza, pero puede ser un alumno motivado y de éxito en otro estilo formativo. Sabemos que no es fácil y que aún no se ha conseguido, que abordar la diversidad no sólo implica inversión, sino también considerar que somos semejantes aunque diferentes.
Respecto a quién interesa una sociedad culta podría decirles que a mí me interesa, yo deseo una sociedad con más cultura, donde los libros no sean un adorno en las estanterías, donde las conversaciones refieran a acontecimientos diferentes a la programación de la televisión, donde se valore el trabajo de las personas y no la fama efímera de algunos personajes. Ahí creo que está el problema principal, se ha creado una forma de vida que se mantiene por las mentiras, por la publicidad y el marketing. Hoy en día se crean personajes de la noche a la mañana por su simple aparición en un programa de televisión o por decir que ha mantenido una relación sexual con tal o cual persona. Se ha desvirtuado el valor de lo vocacional, ya no nos importa demasiado si nos gusta o no un trabajo, lo importante para la mayoría es si se gana dinero o no. La ley del mínimo esfuerzo se ha generalizado y ahora muchos están de vuelta, he ahí el ejemplo de las personas que se plantean retomar los estudios para obtener el graduado en ESO o que se inscriben en la universidad para obtener un título superior.
¿Es que antes no pudieron estudiar o no quisieron? No hace falta que responda, la alegría es que muchas personas retoman los libros, aunque eso no es suficiente para que sean personas con deseos de aprender, con interés en estudiar, con afán de progreso. Muchos reinciden en su desidia, apenas hincan los codos y si están ahí es con la ilusión de un puesto de trabajo seguro, si los hay. La cultura no está de moda, sigue siendo un deporte de minorías, cuesta organizar eventos culturales y contagiar de entusiasmo al público si no se le ofrece algún canapé al finalizar el acto. Así somos. Pese a ello, hemos de alegrarnos porque muchos se han dado cuenta del error, si no siembras no recoges. Hay que pensar en el futuro, el tiempo que muchos dedicaron en salir de marcha o ver la televisión, otros lo invertimos en estudiar, en crear nuestras empresas, en estudiar oposiciones y voilá aquí están los frutos. La mejor enseñanza que uno puede tener en la vida es darse cuenta de que sin pensar el futuro no se puede vivir.
Helena Trujillo
Psicoanalista Grupo Cero
martes, 6 de abril de 2010
IMPOTENCIA SEXUAL: UNA MIRADA DESDE EL PSICOANÁLISIS
IMPOTENCIA SEXUAL: UNA MIRADA DESDE EL PSICOANÁLISIS
Ya les gustaría a muchos que existiera la "píldora de la felicidad". Algunos creyeron encontrarla en el fármaco Viagra que se presentaba como la panacea para la impotencia sexual. Sin embargo, años después y, pese a su uso extendido y el desarrollo de fármacos de similares características, la impotencia sigue siendo un agujero negro en el que muchos podemos vernos inmersos en algún momento de nuestra vida.
Lo reconoce Freud en el texto "Sobre una degradación general de la vida erótica" en el año 1912, la impotencia psíquica es la enfermedad para cuyo remedio se acude a la consulta del psicoanalista con más frecuencia. No existe persona alguna que no haya atravesado por un momento de impotencia o frigidez. Esto nos ha de llevar a considerar que cuando hablamos de impotencia no debemos pensar todo el tiempo en un pene erecto o flácido, sino en situaciones diversas en las cuales el sujeto, masculino o femenino, no alcanza el éxito cuando éste es esperado.
Preguntarnos acerca de una sexualidad normal, resulta inquietante, es muy difícil decir qué es normal y qué no lo es. Para Freud, lo normal de la sexualidad está muy lejos de constituir una norma. La impotencia y la frigidez, en sus diferentes maneras de mostrarse, son trastornos muy comunes y extendidos que acompañan a la vida erótica corriente. Lejos de lo que podría pensarse, la liberación de las costumbres no ha servido para modificar la frecuencia de estos trastornos. Lo que indica que liberar las costumbres no significa liberar el deseo.
La función sexual se halla sometida a muy diversas perturbaciones, que en su mayoría presentan el carácter de simples inhibiciones. Los síntomas principales de la inhibición del hombre son: 1º. Displacer psíquico; 2º. falta de erección; 3º. eyaculación precoz 4º. falta de eyaculación; 5º. falta de la sensación de placer del orgasmo. Algunas inhibiciones son evidentemente renuncias a la función a causa de que durante su realización surgiría angustia.
Las relaciones sexuales no son más que una de las múltiples expresiones de la vida del sujeto, una alteración de las mismas apunta a una manera patológica de relacionarse con el mundo. La pulsión sexual no tiene como fin original la reproducción, sino la consecución de placer, por ello la conducta sexual de una persona constituye el prototipo de todas sus demás reacciones. Un impotente en sus relaciones sexuales será probablemente impotente para otras actividades, por ejemplo escribir, hablar en público, etc.
Si nos manejamos en el terreno de la genitalidad, se clasifica como víctima de impotencia o disfunción eréctil a todo hombre que no tiene una erección lo suficientemente rígida para permitir la penetración, así como a aquellos que la pierden ante un cambio de postura o poco después de la penetración. Esto le sucede, según los datos, hasta el 20% de los varones en los países desarrollados, de los cuales menos del 10% acuden al especialista para seguir un tratamiento. Lo que caracteriza a la impotencia es una carencia de erección, pero otra forma de impotencia es la desafectivización de los objetos amorosos.
Freud ya destacaba en 1913 la importancia de establecer un diagnóstico diferencial para discernir la participación del elemento orgánico frente al neurótico, sin embargo aún hoy en día no está muy claro, para la mayoría de los profesionales de la salud, qué es la impotencia psíquica, aquella en la que no existe ninguna alteración orgánica responsable. Estrés, cansancio, exceso de trabajo, complejo de inferioridad, depresión, ansiedad, sentimiento de culpa, son los términos habituales que se manejan, pero se quedan cortos para explicar y resolver esta sintomatología. No entraremos aquí en las distintas patologías médicas, ya sean vasculares, neurológicas, hormonales o urológicas, que pueden ocasionar disfunción eréctil. Nos ocuparemos de aquellas otras situaciones en las que el organismo, pese a estar en condiciones adecuadas, no responde con éxito y satisfacción.
Es curioso que esta perturbación ataque precisamente a individuos de naturaleza intensamente libidinosa. A pesar de existir deseo a realizar el acto, el órgano no responde. El fallo no se produce, en la mayoría de los casos, sino con una persona determinada y nunca con otras. En el hombre no han llegado a fundirse las dos corrientes cuya confluencia asegura una conducta erótica plenamente normal: la corriente "cariñosa" y la corriente "sensual". El hombre muestra apasionada inclinación hacia mujeres que le inspiran un alto respeto, pero que no le incitan deseo sexual, y, en cambio, sólo es potente con otras mujeres a las que no ama, estima en poco o incluso desprecia. La inhibición de su potencia viril depende, según esto, de alguna cualidad del objeto sexual. El amor, en ellos, está centrado no en la mujer, sino en la madre. Por ello no pueden hacer el amor con la mujer que aman porque es su madre, mientras que pueden hacer el amor con una mujer a condición de que sea una mujer degradada. En la medida que sea totalmente opuesta a la madre, es que puede subordinarla.
Estos factores que motivan la impotencia psíquica se pueden encontrar en la mayoría de los hombres. En los conflictos neuróticos nos encontramos con el peso de los deseos sexuales infantiles. El pasaje del autoerotismo al amor de objeto, y a la sexualidad normal, requiere la fusión de estas dos corrientes, que por estar sobredeterminada por lo inconsciente, será siempre fallida, insuficiente, errónea. No hay que olvidar que el objeto sexual no es sino un subrogado del objeto primitivo y ninguno de los subrogados satisface por completo. El camino de la elección de objeto le ha conducido desde la imagen de su madre, y quizá también desde la de su hermana, a su objeto actual. Huyendo de todo pensamiento o intención incestuosos, ha transferido su amor, o sus preferencias, desde las dos personas amadas en su infancia, a una persona extraña formada a imagen de las mismas.
Para articular el sexo, según Freud, hay que inscribirlo en el Edipo porque sin falo no hay movimiento. El falo es la premisa universal del pene y la negativa del niño en reconocer la diferencia de los sexos, dando por hecho una única existencia. La función de la diferencia sexual se inaugura cuando se instala la función fálica, cuando se detiene la atribución imaginaria de falo, porque tanto el hombre como la mujer se constituyen como sexuados en la dialéctica fálica, y es al lugar que ocupa la madre el lugar al cual se atribuye el falo. El falo es fundamental como significante, fundamental en ese imaginario de la madre que se trata de alcanzar, porque el yo del niño se apoya en la omnipotencia de la madre. Se trata de ver dónde está y dónde no está. Nunca está verdaderamente donde está, nunca está del todo ausente de donde no está.
Madre Fálica, es la madre de ese colmamiento ideal, completud total para ambos miembros de la célula primordial. Justamente a ella debe el sujeto renunciar, en un acto nunca del todo completado en su posición inconsciente. El sujeto va haciendo su historia, de ruptura, de intentos fallidos de volverse a colgar de los brazos de su madre y de reiniciar esa historia de amor. Esta función de corte que permita al sujeto liberarse de la ilusión de ser el objeto del deseo de la madre, sólo funciona, cuando ella puede tener un deseo otro que el del hijo. Si esto no se cumple, si no hay una desviación de su mirada de los ojos del niño, si nada perturba esta situación idílica, el padre como diferencia, no puede intervenir, la relación se eterniza desapareciendo el sujeto en su condición de deseante. O el individuo sucumbe, o el deseo se modifica, o declina.
Ningún hombre puede separarse de ninguna mujer. La mujer puede, en cambio, separarse en cualquier momento de cualquier hombre. El hombre no puede separarse de su madre, en cambio, la mujer al separarse del hombre, vuelve con su madre, por eso para ella es tan sencillo. El varón tiene que elegir entre su objeto incestuoso o su sexo. Si quiere conservar uno, debe renunciar al otro. El padre simbólico, es necesario para ese destete por el que el niño sale de su acoplamiento con la omnipotencia materna. Hay una solución para el sujeto, la identificación al padre. Aquél a quien se considera haber castrado a la madre. Esta identificación al ideal del padre es la vía de solución que ofrece al sujeto la dimensión del narcisismo.
La estructura de la omnipotencia no está en el sujeto, sino en la madre, en el Otro primitivo. Quien es omnipotente es el Otro. Pero tras esta omnipotencia, se encuentra la falta última de la que se halla suspendida su potencia. Que el falo no se encuentre allí donde se lo espera, allí donde se lo exige, explica que la angustia sea la verdad de la sexualidad. La castración es el precio de esa estructura. Es un juego ilusorio: no hay castración, porque en el lugar donde tiene que producirse, no hay objeto para castrar. El goce fálico es el obstáculo por el cual el hombre no llega a gozar del cuerpo de la mujer, precisamente porque de lo que goza es del goce del órgano. En la medida que el placer tiene un límite, donde demasiado placer es un displacer, se detiene y parece que no falta nada.
No está mal partir de la impotencia para comenzar a interrogarse sobre lo que es el deseo. Si la impotencia teme, no es temor ni a la potencia ni a la impotencia. El sujeto humano, en presencia de su deseo, llega también a satisfacerlo, a anticiparlo como satisfecho. El sujeto teme la satisfacción de su deseo, lo que le hace depender a la vez, de aquél o aquélla que va a satisfacerlo, a saber, del otro. La angustia constituye el medio del deseo al goce. No hay deseo realizable por la vía en la que lo situamos sino implicando la castración. Si el sujeto se situara mejor con respecto a lo que para él constituye ley, temería menos perder su deseo. El temor de la pérdida del deseo remite a la castración.
La mujer deseable y deseante es una figura peligrosa. Representa una criatura de la que hay que huir porque puede condenar a la castración o bien una criatura a la que hay que someter a prácticas sádicas para degradarla. Lo que es temido y a lo que se tiene miedo en la penetración, es precisamente el encuentro con ese falo, el falo hostil, el falo paterno, el falo a la vez fantasmático presente y absorbido por la madre, del cual la madre misma detenta la potencia verdadera. Para los hombres la niña es el falo y es eso lo que los castra; para las mujeres el niño es la misma cosa, el falo, que es lo que las castra también, porque ellas no adquieren más que un pene y está fallado. La realización genital está sometida, como a una exigencia esencial, a la simbolización: que el hombre se virilice, que la mujer acepte verdaderamente su función femenina. La frigidez femenina se produce por la envida al pene, la impotencia masculina por la amenaza de castración. Parece que la frígida está hecha para el impotente y éste para la histérica, ambos huyendo en el síntoma de las diferencias sexuales. Cuanto menor la potencia del hombre, tanto más predominante será la histeria de la mujer. El encuentro entre un hombre y una mujer debería ser un encuentro sin esperanzas, y sin embargo, ella ambiciona que él transforme su deseo, y él ambiciona que ella hable de su deseo. Ambos saben que no podrán.
Es más fácil para el hombre afrontar a cualquier enemigo sobre el plano de la rivalidad que afrontar a la mujer en tanto ella es el soporte de la verdad. El goce del hombre y de la mujer no se conjugan orgánicamente. Si algo está presente en la relación sexual es el ideal del goce del Otro. En la medida del fracaso del deseo del hombre la mujer es conducida a la idea de tener el órgano del hombre. A la potencia no se le demanda que esté en todas partes, se le demanda que esté allí donde está presente, y justamente porque allí donde es esperada desfallece. Si la relación amorosa es aquí acabada, lo es en tanto que el otro dará lo que no tiene, y esta es la definición misma del amor.
El goce de la mujer está en ella misma y no se junta con el Otro. Lo que la mujer encuentra en el hombre, es el falo real, y entonces, su deseo encuentra allí, como siempre, su satisfacción. Si algo nos revela la experiencia, es la heterogeneidad radical del goce masculino y del goce femenino. Nada puede acercarse más al goce más perfecto que el orgasmo masculino. Sólo que únicamente el falo puede ser feliz, no el portador del susodicho. Un hombre sólo goza si ella lo desea.
Gracias al psicoanálisis, ahora, al fin, él sabe que está castrado. En fin, él lo sabe, al fin. Lo estaba desde siempre.
Un hombre libre, sano y fuerte, también puede construirse. Finalizar, romper, para empezar, para construir.
Un hombre libre, sano y fuerte, también puede construirse. Finalizar, romper, para empezar, para construir.
Helena Trujillo.
Psicoanalista Grupo Cero
Telf. 952 39 21 65
miércoles, 31 de marzo de 2010
UN CONTINENTE, CADA VEZ, MENOS DESCONOCIDO
UN CONTINENTE, CADA VEZ, MENOS DESCONOCIDO
Una lectura del texto: “La transferencia. Vigencia de Sigmund Freud” Miguel O. Menassa. 1996
Hablamos del Psicoanálisis, aparentemente una cosa tan individual, tan de diván y, sin embargo, poderosos sistemas sociales se oponen a su socialización. La familia, que se supone quiere lo mejor para nosotros, nos aparta de aquello que nos hace inteligentes, que nos cura de nuestras miserias neuróticas. La sanidad, los seguros médicos, las grandes compañías excluyen de los servicios de atención psicológica a los profesionales psicoanalíticos, no vaya a ser que la persona se cure, no vaya a ser que uno exija sus derechos, no vaya a ser que nos demos cuenta que nadie mira por nuestros intereses.
¿Por qué se le teme al psicoanálisis?
Queda claro que quedamos implicados más de lo que suponíamos. El primer requisito para ser psicoanalista así como para psicoanalizarse es aceptar la incertidumbre como un territorio natural. Habrá que ponerse a conversar. Un diálogo que ofrece como garantía que alguien hablará, pero nunca nadie sabrá quién habla ni a quién habla.
Soñar, soñamos todos, todos tenemos nuestra vida implicada en el descubrimiento freudiano. El psicoanálisis no sólo te pide que abandones la razón, esa razón que con tanto esfuerzo nos han enseñado a sostener; sino nos pide modificar nuestra propia vida cambiar de las relaciones con los otros las pequeñas mezquindades.
Además, si esto fuera poco, el Psicoanálisis le impone a la mujer algo que nadie antes la había impuesto. La mujer tendrá como obligación hablar y escribir. Como sabemos, esto es tan difícil como hacer hablar a la poesía.
Algo que nunca fue es lo que se recuerda siempre.
Algo que nunca hubo tiene que ser perdido.
La transferencia se dispara desde el futuro.
La relación sexual no existe o, por lo menos, no deja huella.
El concepto de transferencia es el que sostiene, históricamente, la teoría psicoanalítica y es por eso que cuando se altera, disminuye o se deja de imponer el psicoanálisis de los psicoanalistas o candidatos a serlo, las instituciones se pudren o se degradan. Sin psicoanálisis del psicoanalista no hay producción del inconsciente.
jueves, 25 de febrero de 2010
Puedes hacer lo que más te gusta, asistir a una charla de Psicoanálisis y participar en un taller de lectura
CONFERENCIA DE PSICOANÁLISIS
Viernes 26 de Febrero 20:30 hrs.
MÚLTIPLE INTERÉS DEL PSICOANÁLISIS
El aporte que el Psicoanálisis realiza a la Medicina, la Filosofía, la Educación, la Psicología y otras disciplinas sociales. Destinada a persona de todas las edades, profesionales de la salud, educadores, profesionales del derecho, filósofos, políticos, etc.
Impartida por la psicoanalista Helena Trujillo.
ENTRADA LIBRE
C/Esperanto,9-2ºD Málaga
TODAS LAS CHARLAS SE EMITIRÁN TAMBIÉN ONLINE
Para ver las emisiones en directo de las actividades tienen que entrar enwww.helloworld.com/htpsicoanalisis Una vez ahí, pinchar arriba donde pone Live! y podrá tener acceso a la emisión online o a los vídeos de las actividades ya realizadas.
TALLER DE LECTURA EN ALHAURIN DE LA TORRE
PRIMER ENCUENTRO LUNES 8 DE MARZO DE 17:45 A 19 HORAS.
No hay excusas para no leer.
Empezamos un TALLER DE LECTURA en Alhaurín de la Torre, primer encuentro lunes 8 de marzo a las 17:45 en la LIBRERÍA ALBORADA, Av. del Mediterráneo, 8.
Puedes inscribirte en el teléfono 952 39 21 65 o venir directamente el día del taller.
Iremos avanzando las fechas de los siguientes encuentros. La asistencia no obliga a ir todos los días.
Cada día se abonará 10 euros que se canjearán en el libro que desees en la propia librería.
Celebremos la candidatura del poeta Miguel Oscar Menassa aprendiendo a leer.
martes, 2 de febrero de 2010
NO SOY UNA MUJER
NO SOY UNA MUJER
Varios títulos universitarios, una carrera profesional establecida y una trayectoria en expansión. Sin embargo, no es eso lo que brilla a otros ojos. Ellos ven el contorno de los labios, la voluptuosidad de una silueta, el corte de pelo o una juventud rebosante. Sus sentidos les engañan, sus prejuicios nos ofenden.
Qué fácil resulta a muchos ver una mujer donde no la hay, ya que si de negocios se trata lo sexual no entra en juego. Una cosa es un currículum y otra muy distinta una aventura amorosa. Una cosa una conversación ideológica y otra un piropo. Muchas se sentirán identificadas con esto que digo, porque lejos de aquellos personajes femeninos que venden su profesión a través de su imagen sensual, la mayoría de las mujeres profesionales distinguimos una cita romántica de un almuerzo de negocios, un escote provocador de un traje formal, una mirada atrayente, de un gesto de empatía. Pero muchos no saben distinguir “la o con un canuto” y creen que todo el monte es orégano.
¿Es un halago que se fijen en nuestra belleza o es una falta de respeto cuando no es la belleza la que está en juego? Creo que es sacar las cosas de contexto y llevarlas a un terreno que no hemos convocado. Muchos aún nos confunden con un objeto sexual, sin darse cuenta que nuestra presencia en la reunión, en la oficina o en el es en calidad de profesionales, nada que ver con ser hombres o ser mujeres. Cuando un hombre nos lleva por ese terreno no sólo genera nuestro rechazo, sino que además nos degrada de nuestra función, de nuestra inteligencia. Tratar a alguien como hombre cuando no corresponde o como mujer cuando se trata de una función diferente a la sexual, no sólo es un desprecio, también una grave confusión.
En la cama somos hombres y mujeres, cuerpos que se mezclan en función del deseo convocado. Pero en el trabajo somos profesionales que no queremos vivir de nuestros órganos genitales, sino de la inteligencia que hemos producido.
Helena Trujillo Luque
Psicoanalista de la Escuela Grupo Cero
jueves, 7 de enero de 2010
Las resistencias contra el psicoanálisis
Las resistencias contra el psicoanálisis
No se puede decir mejor.
Extracto del texto escrito por Sigmund Freud en 1924
El lactante sostenido por el brazo de su nodriza que se aparta sollozando de una cara extraña; el creyente que inicia el nuevo año con una oración, y que saluda, bendiciéndolos, los primeros frutos del estío; el aldeano que se niega a comprar una guadaña si no lleva la marca de fábrica familiar a sus antecesores. En los tres casos se trata de un mismo displacer, que en el niño halla expresión elemental y primitiva, en el creyente aparece artificiosamente elaborado, para el aldeano se convierte en motivo de una decisión. Pero la fuente de este displacer es el esfuerzo que lo nuevo exige a la vida anímica. Sería tentador hacer de la reacción psíquica frente a lo nuevo el tema de un estudio especial, pero también se suele observar la actitud opuesta: una sed de estimulación que se apodera de cuanto nuevo encuentra, simplemente por ser nuevo.
La aprensión ante lo nuevo no debería sentar plaza en la labor científica. La ciencia, eternamente incompleta e insuficiente, está destinada a perseguir su fortuna en nuevos descubrimientos. Para evitar el engaño fácil le conviene armarse de escepticismo, y rechazar toda innovación que no haya soportado su riguroso examen. Mas este escepticismo muestra en ocasiones dos características insospechadas, pues mientras se opone con violencia a la novedad recién nacida, protege respetuosamente lo que ya conoce y acepta, conformándose, pues, con reprobar aun antes de haber investigado. Pero así se desenmascara como un simple heredero de aquella primitiva reacción contra lo nuevo, como un nuevo disfraz para asegurar su subsistencia.
Todos sabemos cuán frecuentemente en la historia de la investigación científica las innovaciones fueron recibidas con intensa y pertinaz resistencia. Una recepción particularmente ingrata le fue deparada al psicoanálisis. Su novedad era indiscutible, aunque junto a estos hallazgos elaborara cuantioso material ya conocido de otras fuentes.
Al principio su importancia fue puramente terapéutica: pretendía establecer un nuevo y eficaz tratamiento de las enfermedades neuróticas. Pero ciertas vinculaciones llevaron al psicoanálisis más allá de su objetivo original. De tal manera, por fin, llegó a sustentar la pretensión de haber fundado sobre nuevas bases nuestra entera concepción de la vida psíquica. Después de un decenio de completo desdén, se convirtió de pronto en objeto de interés público, y al mismo tiempo desencadenó una tempestad de indignada reprobación.
El psicoanálisis halló desde entonces numerosos seguidores de importancia, animados por diligente afán que lo ejercen como procedimiento terapéutico para los enfermos nerviosos, como método de investigación psicológica y como recurso auxiliar de la labor científica.
Si alguien lograse demostrar y aislar la o las sustancias hipotéticas que intervienen en la génesis de las neurosis, tal hallazgo no tropezaría por cierto con la protesta de los médicos. Sólo podemos tomar como punto de partida el cuadro sintomático que presentan las neurosis; por ejemplo, en la histeria, el cortejo de trastornos somáticos y psíquicos. Ahora bien: tanto las experiencias de Charcot como las observaciones clínicas de Breuer nos enseñaron que también los síntomas somáticos de la histeria son psicogénicos, es decir, que representan sedimentos de procesos psíquicos transcurridos.
El psicoanálisis tomó este nuevo conocimiento como punto de partida, comenzando por preguntarse acerca de la índole de esos procesos psíquicos que dan lugar a tan singulares consecuencias. Pero semejante orientación científica no podía agradar a la generación médica de entonces, educada en el sentido de la valoración exclusiva de los factores anatómicos, físicos y químicos sin estar preparada para apreciar lo psíquico, de modo que lo enfrentaron con indiferencia y aversión. Evidentemente, los médicos dudaban de que los hechos psíquicos pudieran ser sometidos, en principio, a una elaboración científica exacta.
Los síntomas de la neurosis histérica eran tenidos por productos de la simulación; las manifestaciones del hipnotismo, por supercherías. Hasta los psiquiatras, cuya atención se ve asediada por los fenómenos psíquicos más extraordinarios y asombrosos, no se mostraban dispuestos a considerarlos en detalle y a perseguir sus vinculaciones, conformándose con clasificar el abigarrado cuadro sintomático.
En esta época materialista -o, más bien, mecanicista- la medicina realizó magníficos progresos, pero, no obstante, ignoró ciegamente el más excelso y difícil de los problemas que plantea la vida.
Cabría aceptar que la nueva doctrina despertara tanto más fácilmente el aplauso de los filósofos. Pero aquí tropezó con un nuevo obstáculo, pues lo psíquico de los filósofos no equivalía a lo psíquico del psicoanálisis. ¿Qué puede decir, pues, el filósofo ante una ciencia como el psicoanálisis, según la cual lo psíquico, en sí, sería inconsciente, y la consciencia, sólo una cualidad? Naturalmente, el filósofo afirmará que un ente psíquico inconsciente es un desatino. El filósofo, que no conoce otra forma de observación más que la de sí mismo, no puede seguir al analista por este camino. Así, el psicoanálisis sólo saca desventajas de su posición intermedia entre la medicina y la filosofía.
Semejante situación bastaría para explicar la recepción indignada y reticente que los círculos científicos dispensaron al psicoanálisis, pero no permite comprender cómo se pudo llegar a esos estallidos de furia, sarcasmo y desprecio. Tal reacción permite adivinar que debieron haberse animado otras resistencias, fuera de las meramente intelectuales; que fueron despertadas fuertes potencias afectivas.
Nos encontramos ante todo con la fundamental importancia que el psicoanálisis concede a los denominados instintos sexuales en la vida psíquica del hombre. Según la teoría psicoanalítica, los síntomas neuróticos son deformadas satisfacciones sustitutivas de energías instintivas sexuales, cuya satisfacción directa ha sido frustrada por resistencias interiores. Más tarde, cuando el psicoanálisis traspuso los límites de su primitivo campo de labor, permitiendo su aplicación a la vida psíquica normal procuró demostrar que los mismos componentes sexuales, desviados de sus fines más directos a otros más lejanos, constituyen los más importantes aportes a las obras culturales del individuo y de la comunidad. Estas afirmaciones no eran totalmente nuevas, pues ya el filósofo Schopenhauer había señalado con palabras de inolvidable vigor la incomparable importancia de la vida sexual.
Pero los adversarios olvidaron la existencia de tan ilustres precursores, ensañándose con el psicoanálisis como si éste hubiera cometido un atentado contra la dignidad de la especie humana.
La cultura humana reposa sobre dos pilares: uno, la dominación de las fuerzas naturales; el otro, la coerción de nuestros instintos. Entre los elementos instintuales así sometidos a su servicio, descuellan por su fuerza y su salvajez los instintos sexuales en sentido más estricto. El psicoanálisis jamás estimuló el desencadenamiento de nuestros instintos socialmente perniciosos; bien al contrario, señaló su peligro y recomendó su corrección.
Pero la sociedad nada quiere saber de que se revelen tales condiciones. La sociedad sostiene un estado de hipocresía cultural que necesariamente será acompañado por un sentimiento de inseguridad y por la precaución que consiste en prohibir toda crítica y discusión al respecto.
Esto rige para todas las tendencias instintuales, es decir, también para las egoístas. El psicoanálisis pone al descubierto las flaquezas de este sistema y recomienda su corrección. Propone ceder en la rigidez de la represión instintual, concediendo más espacio a la sinceridad. Ciertos impulsos instintuales, en cuya supresión la sociedad ha ido demasiado lejos, han de ser dotados de mayor satisfacción; en otros, la represión se muestra ineficaz y debe ser sustituida por un procedimiento mejor y más seguro.
El psicoanálisis fue tachado de «enemigo de la cultura». Hasta ahora la actitud del hombre frente al psicoanálisis sigue siendo dominada por este miedo.
El psicoanálisis puso fin a la fábula de la infancia asexual, demostrando que los intereses y las actividades sexuales existen en el niño pequeño desde el comienzo de su vida. Todo esto se puede confirmar con tal facilidad, que realmente fue preciso desplegar un enorme esfuerzo para lograr pasarlo por alto. En efecto, cada individuo recorre esta fase, pero luego reprime enérgicamente su contenido, llegando a olvidarlo. La repugnancia ante el incesto y un enorme sentimiento de culpabilidad son residuos de esa prehistoria individual.
Las fuertes resistencias contra el psicoanálisis no eran, pues, de índole intelectual, sino que procedían de fuentes afectivas.
El concepto psicoanalítico de la relación entre el yo consciente y el inconsciente constituye una grave afrenta contra el amor propio humano, afrenta psicológica, equiparándola a la biológica, representada por la teoría evolucionista, y a la anterior, cosmológica, infligida por el descubrimiento de Copérnico.
No es fácil formarse un juicio independiente en las cosas psicoanalíticas, a menos que se haya experimentado esta ciencia en carne propia o en el prójimo. No es posible hacer lo último sin haber aprendido antes determinada técnica harto dificultosa.
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