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martes, 9 de agosto de 2016

Talleres para amar en Málaga


Si estás en Málaga este próximo fin de semana y quieres vivir una experiencia diferente,
inscríbete en alguno de estos talleres para conectar con el goce y el amor.


 

INSCRIPCIONES E INFORMACIÓN: 626 67 33 22

TALLERES EN MÁLAGA
AMOR - RELACIONES DE PAREJA - COMUNICACIÓN - SEXUALIDAD 

lunes, 2 de noviembre de 2015

Mujeres resentidas por un fracaso de pareja...

¿PARA QUÉ SIRVEN LOS HOMBRES?
por Helena Trujillo, psicoanalista de Grupo Cero


¿Para qué sirven los hombres? ¿para qué me sirven si ya me han defraudado? Fría y distante, se pregunta con los ojos caídos de llorar.
En su tiempo usé a los hombres para amar, crear ilusiones, divertirme. Pasado un tiempo, dejados llevar por las costumbres, los rituales, la familia, nos fuimos convirtiendo en desconocidos, desilusionados con la llama apagada de todos los días, el hastío de las obligaciones que ritualizó el deseo. Rota aquella pasión, me pregunto para qué sirven, ahora que ya no creo en los sueños, ahora que el recuerdo me visita con su dolor.
Preguntarnos por ellos es preguntarse por las atribuciones que como mujeres hacemos al amor, al sexo. Con una educación afectiva-sexual insuficiente, llegamos al encuentro con el mundo ingenuas e indefensas, con pocas habilidades para afrontar la realidad y gestionar las relaciones. Pasamos con el enamoramiento a construir nuestras vidas en los pilares de la relación de pareja y familia, pero pasado un tiempo abandonamos aquello que nos permitía amar y vivir porque traicionamos nuestro propio deseo por permanecer fieles a un ideal de pareja.
Freud trabaja en el interesante texto La moral sexual y la nerviosidad moderna la problemática de la moral en la mujer donde para gozar necesita trasgredir lo que la sociedad misma le exige. Ellas han sido educadas en una sexualidad familiar, es decir, dirigida a la construcción de la familia monogámica y el respeto a ciertas costumbres que las encorsetan, pero no conocen su capacidad de goce y creación, se entregan al amor como objetos en lugar de producir su lugar como sujetos.
Lacan decía amar es dar lo que no se tiene a quien no es, pero el día a día nos muestra que la mayoría de las personas no sabe amar. Amamos el ideal del amor, la pareja perfecta, la media naranja, la idea de que el otro completa tu vida y ahí comienza el fin. Las personas no son lo que pensamos de ellas, nuestra relación de pareja no es como la imaginamos y eso muestra lo insatisfactorio de una vida cotidiana que gira en torno a una relación irreal con otra persona que no es quien yo creo.
El psicoanálisis nos enseña mucho del amor, porque las cosas no son lo que parecen, lo que aparece en nuestra conciencia, nuestros sentimientos, nuestros afectos, no representan nuestros verdaderos deseos inconscientes. Deseamos deseos, no objetos, por eso cuando queremos amar a una única persona, desearla en exclusiva, mostramos un absoluto desconocimiento de aquello que nos hace humanos. Las personas necesitamos del amor para crecer, pero del amor entendido como aquella producción donde soy capaz de hacer algo por otro, donde no seré poseedor ni de la acción ni del resultado, pero en la acción y en el resultado habrá transformación, goce.
Por eso hablar de amor y hombres, goce y pareja, fidelidad y respeto, requiere muchas más palabras de las que somos capaces de pronunciar. Hombres y mujeres somos semejantes pero diferentes, ambos nos constituimos en el lenguaje y ambos tendremos que aprender a renunciar a aquello que creemos poseer. El otro no es ni podrá ser de tu propiedad y eso no te impide amarlo. Cuando queremos poseer a la otra persona, ser del otro, nos cosificamos, nos anulamos como sujetos del deseo, por eso estropeamos la relación. Amarse es entregarse a las palabras y las palabras no son de nadie, menos que menos del partenaire amoroso.
El rencor, la pérdida de ilusión en el amor, el apartamiento de la sexualidad genital que se muestra en muchas mujeres tras un fracaso de pareja, tiene explicación en esa atribución de que el otro te va a dar lo que te falta, como si pudiéramos ser completos. Nadie es de nadie. El amor se hace entre las personas, es una producción social. Una educación que permita a las mujeres conocerse sin denigrarse, amar sin entregarse, desear sin abandonar los pactos sociales, permitirá que hombres y mujeres construyan la posibilidad de espacios compartidos, conversaciones, encuentros de sujetos deseantes.
En lugar de preguntarse para qué sirve el otro, preguntémonos para qué estoy dispuesto a trabajar. El amor requiere de un trabajo continuo en la realidad, del respeto por la otra persona y por uno mismo, y la construcción de las relaciones sociales que sostengan ese amor porque, hay que saberlo, el amor no puede hacerse a solas.



Helena Trujillo Luque
Psicoanalista de Grupo Cero
C/Juan Álvarez Mendizábal, 1 - 6º 3 28008 Madrid
Teléfono: 91 55 96 436 
Móvil: 626 67 33 22
Skype: heltrujillo

viernes, 13 de febrero de 2015

Ayuda con el amor. Psicoanalista en Madrid

Psicoanalista en Madrid te ayuda a resolver los problemas en el amor.



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Consultas teléfono: 00 34 91 55 96 436

http://www.htpsicoanalisis.com/parejas/

jueves, 16 de enero de 2014

CITA A CIEGAS MÁLAGA. FEBRERO 2014

Celebra la amistad y el amor con nosotros.

Déjate llevar por nuestra propuesta. Un encuentro de amigos/as de La mujer del Siglo XXI. Personas dispuestas a ser auténticas, divertidas, que desean encontrarse con otras personas y compartir una noche diferente y amena. En buena compañía, disfrutando de una cena. Puedes venir solo/a o en pareja. El objetivo, conocer gente y pasarlo bien.
¿Contamos contigo?

POESÍA
PSICOANÁLISIS
EROTISMO
HUMOR

Miércoles 12 de febrero
Hora: 20:30 hrs.
Organiza: Helena Trujillo
Lugar: El Figón de Juan, Málaga
Reservas: telf. 626 67 33 22
Precio: 30 euros 

heltrujillo@gmail.com


martes, 24 de septiembre de 2013

Si te interesa ser una Mujer del Siglo XXI, no te pierdas esto.


COMIENZA LA 2ª TEMPORADA DEL PROGRAMA: 
LA MUJER DEL SIGLO XXI

Presentado y Dirigido por la Psicoanalista Helena Trujillo, de Grupo Cero
Un programa de Psicoanálisis para la mujer actual. Una mirada diferente a las transformaciones que está viviendo la mujer y la sociedad.
¿Qué interesa a las mujeres? ¿Cómo afrontan sus retos? ¿Qué perspectivas de futuro tienen? ¿Cómo vencen sus obstáculos?
Seremos testigos de su realidad y herramientas para construir el futuro.
Grupo Cero con la educación y la cultura.


Novedades:
Más psicoanálisis. Los temas que más interesan a las mujeres.

Al diván. Los especialistas profundizan y te dan las claves para superar los obstáculos.

Taller de Seducción. Los secretos para triunfar. 

Taller de Estilo. Cómo estar bellas, qué es ser elegante.

Don Mejor. La actualidad más ácida. El Dr. Miguel Oscar Menassa habla a la mujer.

Mujer y Creación. Pintura. Cine. Baile... Cómo ser una mujer del Siglo XXI.

Cortometrajes y alguna sorpresa más.

television la mujer del siglo xxi

Estaremos en más de 15 televisiones locales de España:

MIJAS 3.40 TV, ONDA AZUL TV, LEVANTE TV, MONTILLA TV, TELESEVILLA, TELETOLEDO, ANDORRA TV, MELILLA TV, TV LOS PALACIOS, 
VELEVISA, HENARES TV, GUADALAJARA TV, TELEVIGO, TELEBILBAO, SANLUCAR TV, PTV CÓRDOBA Y TELE LEGANÉS.

Todas las semanas en tu televisión y en internet. 
También en nuestro canal de YOUTUBE: https://www.youtube.com/user/heltrujillo

viernes, 27 de abril de 2012

Celos y alcohol, una combinación fatal


CHARLA SOBRE LOS CELOS Y EL ALCOHOL
Impartida por la psicoanalista Helena Trujillo





Psicoanalista en Málaga y en Madrid

Tratamiento de los celos, problemas con adicciones, terapia de pareja.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

EL AMOR Y LAS RELACIONES DE PAREJA

CHARLA DE PSICOANÁLISIS

EN ESTEPONA

EL AMOR Y LAS RELACIONES DE PAREJA 

Impartida por la psicoanalista Helena Trujillo

Jueves 15 de Diciembre a las 20 horas

Centro Cultural Padre Manuel
C/San Fernando, 2 Estepona


ENTRADA GRATUITA

Organiza Helena  Trujillo y la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Estepona 

martes, 15 de febrero de 2011

Casarse, ¿para qué?



-¿Y vos por qué no te casaste todavía?
Y Emilse preguntó a su vez:
-¿tú nunca lees los diarios?
-Sí, ¿qué parte? dijo el Master riéndose y después como cayéndose de ánimo: Es que no sé si me quedaré a vivir en Madrid, pero de quedarme a vivir, cambiaría mi vida actual por completo.
Y como el Master se quedó en silencio, Emilse le recordó:
-Me hiciste una pregunta.
-¿Qué pregunta? dijo el Master.
Y Emilse, que tenía muchas ganas de contestar la pregunta, volvió a formularla:
-Me preguntaste por qué no me casé todavía.
-Sí, sí, afirmó el Master, ¿por qué no te casaste todavía?
-Porque generalmente en España los matrimonios resultan, querido Master, dijo Emilse casi con selemnidad, relaciones dodne el hombre es un hijo de puta y la mujer una loca.
-Bueno no es para tanto, dijo el Master.
-¿Me dejas desarrollar?, le pidió Emilse.
-Sí, sí, concedió el Master.
Ella dice:
-Esto es como un nido de víboras.
Él dice:
-Ella es como una víbora en el nido.
Ambos se ríen como tontos, mientras piensan maldades, locuras, ella dice:
-No quiero vivir como una puta.
Son dos idiotas, pero él la domina siempre. Le muestra un poco de dinero y ella se rinde.
-Amor mío, amor mío, le dice ella, te comprendo mi amor, chúpame las tetas, amado. Entierra en mí, la agonía de todos tus amores, vengo a liberarte de tu maldad.
Él se pone furioso y como no entiende nada, le pega. Le da una paliza que la deja bizca de un ojo.
La policía maltrata aún un poco más a la mujer maltratada, haciéndole preguntas indecentes y le regala al hombre 250.000 pesetas.
Él se arrepiente y le quiere chupar el coño, como si eso fuera un regalo.
Ella lo escupe, francamente en la cara y, ahora, él le pega con un látigo mientras le grita: Loca, loca de mierda.
Ella, agonizando en la cama de un hospital cualquiera, llega a murmurar:
-Hijo de puta, hijo de puta.
La asistente social de la policía persigue a la pobre mujer hasta el hospital, y siguen torturando a la pobre mujer moribunda con preguntas indecentes.
Ella recuerda una frase, de hace unos días, en las fiestas de boca de un hombre mayor, alguien como vos, recalcó Emilse, y decide seguir viviendo.
Recomenzar todo de nuevo. Vivir una nueva vida.
Él la persigue, se entera por la policía dónde vive, e incendia su pequeña casa que ella pudo construir con sus propias manos, su dinero, su trabajo.
El fuego le quema toda la casa y un poco la cara. Él, al verla desfigurada se arrepiente y dona las 250.000 pesetas de la policía a la Iglesia del pueblo.
El cura insulta en el confesionario a la mujer, porque ésta cuando habla de su marido dice: "Ese hijo de puta".
El cura le prohíbe rezar Ave Marías, sólo le permite rezar los Padre Nuestros.
Ella en ese momento se excita pensando en la libertad.
El hombre recibe una paliza de parte de la policía, por haber regalado las 250.000 pesetas al cura de la Iglesia, y le pegan porque ahora el cura se gastará ese dinero con las mujeres, sus monjas.
Ella le cura las heridas y sufre un poco con su dolor...
Él, una vez curado, le rompe el culo, pero sin clase, sin ninguna clase y se va a emborrachar con el cura y con los policías.
Ella, dolorida, se hace socia de Mujeres Unidas y abandona la heterosexualidad clásica.
Él, desde el comienzo tenía preferencias por sus compañeros de trabajo, el cura y los policías, es clásicamente homosexual.
Desprecia a la mujer, porque supone que su madre ha gozado y por eso le pega.
Ella se deja despreciar, porque supone que su madre ha gozado y por eso recibe con elegancia cualquier castigo.
Ninguno de los dos conoce nada del amor.
Son, como dos animalitos en medio de la selva, pero sin otros animalitos, ellos dos solitos, pobres, desamparados, sin deseos.
-Por eso no me caso, terminó Emilse.
-Entendí, dijo el Master. Mañana doy la conferencia de las siete de la tarde y a las doce de la noche quiero que me consigas un pasaje, en preferente para Buenos Aires.



Del libro: El Sexo del Amor, de Miguel Oscar Menassa. Edt. Grupo Cero

jueves, 27 de enero de 2011

No llevar bien una ruptura

“ODIO A LOS HOMBRES”



“Ellos son así, traicioneros, infieles por naturaleza, te embaucan y luego te dejan tirada a la primera de cambio”. Cuántas veces no habremos escuchado esto, mujeres resentidas por alguna mala experiencia sentimental o, simplemente, prejuicios sobre el sexo opuesto. Todos tendemos a generalizar alguna que otra vez, pero las verdades como tales, cuando se trata de los seres humanos, no existen.
¿Por qué una mujer puede llegar a decir que odia a los hombres?; ¿puede llegar a ser tan negativo un desengaño amoroso como para poner punto y final a toda oportunidad de enamoramiento?; ¿son todos los hombres iguales?; ¿por qué poner las esperanzas de felicidad en ellos?; ¿acaso son los que nos tienen que proveer de todo?; ¿si una relación sale mal, todas tienen que salir mal?
Cuando se trata del amor entre hombres y mujeres hay muchas ideas preestablecidas, cada uno tiene unas expectativas diferentes que no siempre concuerdan con la realidad. Hombres y mujeres no tienen las mismas necesidades ni tampoco la misma forma de satisfacerlas. Lo que podría ser complementario, muchas veces queremos que sea idéntico, cosa que es imposible. La mayoría de los malentendidos se producen porque no asumimos la realidad de las relaciones amorosas, no se diferencian tanto del resto de relaciones humanas. Tiene que prevalecer el respeto, la educación, el derecho a la intimidad, los gustos propios. Sinceramente, todos podemos reconocer que en pareja la mayoría de estas cosas no se respeta. Existe la tendencia a pensar que tener intimidad es engañar al otro, que si hay proyectos individuales estos irán en detrimento de la relación, que la confianza es mostrarse ante el otro tal cual uno es, es decir, con todos los defectos. Es el principio del fin.
Al igual que podemos hablar teóricamente de cierto desprecio a lo femenino en los hombres, ya sea por desconocimiento de nuestra propia naturaleza o porque en muchas ocasiones sólo hemos sido objeto y no sujetos del deseo; en muchas mujeres también anida una hostilidad hacia los hombres que podemos ver en muchas actitudes feministas. Muchas mujeres atribuyen al varón una vida más fácil y asequible, como si a ellos el pan y el reconocimiento les cayera del cielo sin ningún trabajo previo. Hay que reconocer que si el hombre ha alcanzado algún prestigio social ha tenido que invertir horas de trabajo, dinero y sacrificar muchos momentos amorosos y de ocio. Sin embargo, si queremos alcanzar un lugar equivalente al de muchos hombres, tendremos que tomar un camino equivalente, que no igual, porque el que repite lo hecho jamás lo alcanzará.
Ellos también tienen que abandonar la casa materna para conquistar un mundo nuevo y desconocido, también aman y preferirían quedarse en brazos de su enamorada, ellos también dejan a los hijos con dolor para ir a trabajar. Su mundo lo tienen que hacer con sus propias manos y, muchas veces, construyen parte del mundo de la mujer con la que comparten la vida. ¿Reconocemos las mujeres la generosidad que muchos hombres han tenido con nosotras? Hablamos del trabajo doméstico, de la ardua labor del cuidado de los hijos, pero digno es reconocer que ellos también hacen algo por la familia. Tal vez, unos y otros tengamos que aprender cosas del mundo femenino y del mundo masculino, tal vez no existen medias naranjas, sino medias vidas y a lo que deberíamos aspirar es a ser dos naranjas, tener vidas completas.
Cuando hacemos del amor el centro de todas las cosas, no tenemos en cuenta que, como decía Freud en su texto “El malestar en la cultura”: jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado a su amor. Diría que esa es la base del resentimiento de muchas personas cuando, tras una ruptura sentimental, afirman no querer probar nunca más esa medicina. Si esperamos que el amor nos genere la felicidad que nos tiene que dar el trabajo, las relaciones sociales, los proyectos sociales, no sólo nos quedaremos sin amor, sino que además, nos sentiremos profundamente defraudados. Si no proyectamos nuestro futuro, no podremos ser felices. La felicidad es la realización de un trabajo, en conjunto entre dos o más personas. Y si no, no hay felicidad. El resentimiento y el odio no pueden ser buenos compañeros de vida, tenemos que reconocer los errores propios cometidos en la relación de pareja, parte de responsabilidad tenemos en ese fracaso y estar abiertos a nuevas personas, no porque sea necesario tener pareja para vivir, pero sí es necesario amar a otros para vivir. Vivir acompañado no es un consejo, es la única manera de vivir.

Helena Trujillo
Psicoanalista Grupo Cero













miércoles, 23 de junio de 2010

Charla de Psicoanálisis SOBRE LAS RELACIONES DE PAREJA.


CHARLA-COLOQUIO DE PSICOANÁLISIS





JUNIO, Miércoles 30 a las 19:30 hrs.
LAS RELACIONES DE PAREJA.
Sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés.
C/ Hilera, s/n. Edificio Hogar. Dept. Librería
ENTRADA LIBRE

Las relaciones de pareja siempre son fuente de curiosidad y, muchas veces, de preocupaciones. ¿Cómo alcanzar el éxito? ¿Cómo hacer que funcione la relación? ¿De qué depende nuestra forma de entender las relaciones?
De estos y muchos otros asuntos hablaremos en esta charla-coloquio en la que esperamos que las preguntas del público den pie a una interesante conversación.




TALLER DE ESCRITURA EN MÁLAGA



DOMINGOS A LAS 19 HORAS.
(Junio, Julio y Agosto horario 20 horas)

Dirigido a personas que quieran disfrutar de la lectura y la escritura. Además de otros valores añadidos a la experiencia: establecer nuevos intereses y relaciones sociales, superar su timidez, invertir su tiempo libre en una actividad productiva y lúdica, etc. Precio 60 euros al mes. Jóvenes y pensionistas 45 euros.

  

miércoles, 2 de junio de 2010

Odio a los hombres

“ODIO A LOS HOMBRES”

“Ellos son así, traicioneros, infieles por naturaleza, te embaucan y luego te dejan tirada a la primera de cambio”. Cuántas veces no habremos escuchado esto, mujeres resentidas por alguna mala experiencia sentimental o, simplemente, prejuicios sobre el sexo opuesto. Todos tendemos a generalizar alguna que otra vez, pero las verdades como tales, cuando se trata de los seres humanos, no existen.
¿Por qué una mujer puede llegar a decir que odia a los hombres?; ¿puede llegar a ser tan negativo un desengaño amoroso como para poner punto y final a toda oportunidad de enamoramiento?; ¿son todos los hombres iguales?; ¿por qué poner las esperanzas de felicidad en ellos?; ¿acaso son los que nos tienen que proveer de todo?; ¿si una relación sale mal, todas tienen que salir mal?
Cuando se trata del amor entre hombres y mujeres hay muchas ideas preestablecidas, cada uno tiene unas expectativas diferentes que no siempre concuerdan con la realidad. Hombres y mujeres no tienen las mismas necesidades ni tampoco la misma forma de satisfacerlas. Lo que podría ser complementario, muchas veces queremos que sea idéntico, cosa que es imposible. La mayoría de los malentendidos se producen porque no asumimos la realidad de las relaciones amorosas, no se diferencian tanto del resto de relaciones humanas. Tiene que prevalecer el respeto, la educación, el derecho a la intimidad, los gustos propios. Sinceramente, todos podemos reconocer que en pareja la mayoría de estas cosas no se respeta. Existe la tendencia a pensar que tener intimidad es engañar al otro, que si hay proyectos individuales estos irán en detrimento de la relación, que la confianza es mostrarse ante el otro tal cual uno es, es decir, con todos los defectos. Es el principio del fin.
Al igual que podemos hablar teóricamente de cierto desprecio a lo femenino en los hombres, ya sea por desconocimiento de nuestra propia naturaleza o porque en muchas ocasiones sólo hemos sido objeto y no sujetos del deseo; en muchas mujeres también anida una hostilidad hacia los hombres que podemos ver en muchas actitudes feministas. Muchas mujeres atribuyen al varón una vida más fácil y asequible, como si a ellos el pan y el reconocimiento les cayera del cielo sin ningún trabajo previo. Hay que reconocer que si el hombre ha alcanzado algún prestigio social ha tenido que invertir horas de trabajo, dinero y sacrificar muchos momentos amorosos y de ocio. Sin embargo, si queremos alcanzar un lugar equivalente al de muchos hombres, tendremos que tomar un camino equivalente, que no igual, porque el que repite lo hecho jamás lo alcanzará.
Ellos también tienen que abandonar la casa materna para conquistar un mundo nuevo y desconocido, también aman y preferirían quedarse en brazos de su enamorada, ellos también dejan a los hijos con dolor para ir a trabajar. Su mundo lo tienen que hacer con sus propias manos y, muchas veces, construyen parte del mundo de la mujer con la que comparten la vida. ¿Reconocemos las mujeres la generosidad que muchos hombres han tenido con nosotras? Hablamos del trabajo doméstico, de la ardua labor del cuidado de los hijos, pero digno es reconocer que ellos también hacen algo por la familia. Tal vez, unos y otros tengamos que aprender cosas del mundo femenino y del mundo masculino, tal vez no existen medias naranjas, sino medias vidas y a lo que deberíamos aspirar es a ser dos naranjas, tener vidas completas.
Cuando hacemos del amor el centro de todas las cosas, no tenemos en cuenta que, como decía Freud en su texto “El malestar en la cultura”: jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado a su amor. Diría que esa es la base del resentimiento de muchas personas cuando, tras una ruptura sentimental, afirman no querer probar nunca más esa medicina. Si esperamos que el amor nos genere la felicidad que nos tiene que dar el trabajo, las relaciones sociales, los proyectos sociales, no sólo nos quedaremos sin amor, sino que además, nos sentiremos profundamente defraudados. Si no proyectamos nuestro futuro, no podremos ser felices. La felicidad es la realización de un trabajo, en conjunto entre dos o más personas. Y si no, no hay felicidad. El resentimiento y el odio no pueden ser buenos compañeros de vida, tenemos que reconocer los errores propios cometidos en la relación de pareja, parte de responsabilidad tenemos en ese fracaso y estar abiertos a nuevas personas, no porque sea necesario tener pareja para vivir, pero sí es necesario amar a otros para vivir. Vivir acompañado no es un consejo, es la única manera de vivir.

Helena Trujillo
Psicoanalista Grupo Cero

domingo, 6 de diciembre de 2009

¿Contrato de amor?




Existe el contrato de trabajo, y no sólo en el derecho, sino más bien, primero, en el lugar de trabajo. No existe por ahora un contrato de amor, ya  que el contrato matrimonial no se puede considerar un contrato de amor, ya que en él tiene que ver más el dinero que el amor o, sencillamente, el deseo.

No existe ningún contrato universal que regule la cantidad de horas que necesita un amor para sobrevivir. Sin embargo, hay leyes internacionales del trabajo que aquellos países que no las cumplen son subdesarrollados o peor aún. Todo trabajador tiene una idea más o menos clara de cuántas horas tendrá que trabajar este mes y también cuántas horas tendrá que trabajar el mes que viene. 

Ningún amante sabe exactamente las horas que tendrá que dedicarle a su amante durante este mes y el próximo para poder lograr su goce, su felicidad, su permanencia a su lado.

Separar apropiadamente el sexo del dinero debe ser tarea tan fuerte como separar el número dos de la palabra amor, que no sé si algo he conseguido en ese sentido, a pesar de haber puesto toda mi energía en el tema durante los últimos cuarenta años de d mi vida. ¡Qué horror!


(Fragmento de la novela: NO VE LA ROSA, de Miguel Oscar Menassa)